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Historias eróticas
Vístete, corazón
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A la orilla de la chimenea
Puedo ponerme cursi y decir que tus labios me saben igual que los labios que beso en mis sueños.
Puedo ponerme triste y decir que me basta con ser tu enemigo, tu todo, tu esclavo, tu fiebre, tu dueño.
Y, si quieres, también puedo ser tu estación y tu tren, tu mal y tu bien, tu pan y tu vino, tu pecado, tu dios, tu asesino.
O, tal vez, esa sombra que se tumba a tu la do en la alfombra a la orilla de la chimenea a esperar que suba la marea.
Puedo ponerme humilde y decir que no soy el mejor, que me falta valor para atarte a mi cama. Puedo ponerme digno y decir: "Toma mi dirección cuando te hartes de amores baratos; en un rato me llamas."
Y, si quieres, también puedo ser tu trapecio y tu red, tu adiós y tu ven, tu manta y tu frío, tu resaca, tu lunes, tu hastío.
O, tal vez, ese viento que te arranca del aburrimiento y te deja abrazada a una duda en mitad de la calle y desnuda.
Y, si quieres, también puedo ser tu abogado juez, tu miedo y tu fe, tu noche y tu día, tu rencor, tu "¿por qué?" Tu agonía.
O, tal vez, esa sombra que se tumba a tu lado en la alfombra a la orilla de la chimenea a esperar que suba la marea.
O, tal vez, ese viento que te arranca del aburrimiento y te deja abrazada a una duda en mitad de la calle y desnuda.
O, tal vez, esa sombra que se tumba a tu lado en la alfombra a la orilla de la chimenea a esperar que suba la marea.
Joaquín Sabina
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De cuando estuve loco
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De cuando estuve loco aún conservo el carné de maja- ra en la cartera, un plano detalla- do del infierno, un cielo con pira- ñas y goteras; un prontuario en la comisaría, un frasco con pasti- llas de colores, la carta con la que te despedías, remedios varios con- tra el mal de amores.
Ahora voy rumbo al sur a sentar plaza desdeñando otros puntos cardinales y el sol encarcelado en la terraza. Voy rumbo al sur buscando tus besos espirales.
Atrás dejo kilómetros de afueras, aire por respirar, luces en rojo. Hacia dónde señalan tus pezones voy a toda pastilla, dan- do gas a la moto.
De cuando estuve loco aún conservo un par de gramos de delirio en rama por si atacan con su razón los cuerdos y un viento fuerza seis de tramontana; el vicio de escribir por las paredes, pareados de amor, y la manía de buscarte entre to- das las mujeres que en horas bajas me ha- cen compañía
Cuando rozo tus pétalos, nenúfar que sobrevive en aguas estancadas, saltan chispas, los cables se me cruzan, se me sube el mercurio y me salta la alarma.
Mono de ti, que me obliga a llevarte sobre rojos, liofilizada, para tomarte cuando me apeteces, a sorbos cortos donde duele la madrugada.
Te escribo desde un á- rea de servicio donde sólo me ofre- cen gasolina. Puedes llamarme a co- bro revertido desde la caraco- la de la esquina.
Joan Manuel Serrat
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Itinerario hacia las tierras altas
1
Por amiga, por amiga, Sólo por amiga.
Por amante, por querida, Sólo por querida.
Por esposa, no. Sólo por amiga.
Rafael Alberti
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Fire
And Ice
Some
say the world will end in fire,
Some
say in ice.
From
what I’ve tasted of desire
I
hold with those who favor fire.
But
if it had to perish twice,
I
think I know enough of hate
To
say that for destruction ice
Is
also great and would suffice.
Robert Frost
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69 punto G
En la 69 punto G tiene el corazón una oficina donde Don Nadie gana al ajedrez y los adivinos adivinan, y los aladinos aladinan y de propina, imagínate.
Seremos tu cordón umbilical, tu confesionario, tu pomada. Ponte los cascos en la oscuridad si te da la espala la almohada, busca la frecuencia modulada una cuartada para alunizar.
Ven a la 69 punto G cuando te canses de crecer y los sueños tarden en venir, que un Debussy crepuscular toca en el dial la seguidilla de Buñuel, déjanos jugar contigo al escondite inglés en la 69 punto G.
La epidemias fueron anteayer, las arrugas son de plastilina; en la academia del amanecer da clases de morbo Mesalina y en una pecera con espinas flotan las ruinas de los cabarés.
Ven a la 69 punto G cuando te canses de crecer y los sueños tarden en venir, y un B.B. King sentimental toca en el dial la Sonatina de Rubén, déjanos jugar contigo al escondite inglés en la 69 punto G. Toca en el dial la polonesa de Chopin, vamos a soplar la ralla del amanecer en la 69 punto G.
O, yeah! En la 69 punto G.
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(Amo el amor de los marineros
que besan y se van.
Dejan una promesa.
No vuelven nuca más.
En cada puerto una mujer
espera:
los marineros besan y se van.
Una noche se acuestan con la muerte
en el lecho del mar.)
Pablo Neruda
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